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EL ZOO DE CRISTAL y los “opinadores”

El otro día, mientras tomábamos un bocata antes de la última representación de COSMOS que hicimos en Sueca nos pusimos a hablar del montaje EL ZOO DE CRISTAL producido por la compañía valenciana Saga, montaje en el que interviene Àngel Figols en el papel de Jim y que el resto de los compañeros habíamos visto. Nos pusimos a pontificar con esa suficiencia y desparpajo que nos caracteriza a los teatreros cuando nos ponemos a hablar del trabajo de los compañeros. Los comentarios os los podéis imaginar: que si Casany se había situado un poco por encima de su personaje, que si el detalle de la lluvia sobre el panel del fondo era muy sugerente, que si Pilar Martínez podía haber llegado mucho más lejos, que si las luces eran muy planas… Todos valoramos el trabajo de los intérpretes en un sentido o en otro y después de acabar con el análisis fue realmente curioso comprobar que no había coincidencia ninguna. A uno le parecía la composición de Alejandra Mandli llena de talento y sensibilidad y a otro muy convencional y hueca; a uno, Josep Nanuel Casany le resultaba muy técnico y correcto en exceso mientras que al otro le había parecido estar viendo una de sus mejores creaciones… En fin, luego Àngel nos comentó las distintas opiniones que había recabado sobre su interpretación y parece ser que tampoco fueron muy coherentes y de poco le sirvieron para corregir o mejorar sobre ellas. A mi me llamó la atención ver tanta disparidad en un grupo de personas que yo entendía próximas y coincidentes en sus criterios y modos de ver y me dejó momentáneamente preocupado, o al menos, con una convicción tocada. Porque yo tiendo a pensar que hay un criterio o una opinión objetivamente buena y verdadera, residiendo el misterio de su formulación en la inteligencia del que expresa esta opinión. Esta situación que explico dice con mucha claridad que esto no es así. Aunque si quiero ser sincero me veo obligado a decir -perdón por la soberbia subyacente- que sigo creyendo, a pesar de todo, que la calidad de una obra de teatro o del trabajo de un actor no está en función del gusto del espectador, o mejor dicho, no es esa valoración la que a mi me interesa a cierto nivel, simplemente porque siento que no me permite crecer.

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