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TEATRO VALENCIANO Un canon impensado (2)

Pasemos del adjetivo al nombre: Teatro.

Entiendo que la base del canon se halla en la vigencia de las obras y los autores que el tiempo ha ido decantando y siguen despertando en la actualidad la curiosidad y el interés de los creadores de la escena y de sus respectivos públicos. No sabría muy bien a quién nombrar como clásicos influyentes de la escena valenciana contemporánea. Podría empezar, pues, por lo más obvio, aunque parezca de perogrullo. No sé… Lope, Calderón, Shakespeare, Molière, Rostand, Goethe, Escalante, Guimerà, Goldoni, Filippo, Chéjov, Valle-Inclán, Lorca… Siento que las obras de estos dramaturgos ilustres siempre han estado revoloteando en mi árbol. Y mi árbol no está solo en un páramo, claro. Ya que la literatura dramática carece de la más mínima difusión ahora mismo y que, por otro lado, la autoría en teatro es un concepto en vertiginoso retroceso en el mundo activo, continuaré refiriéndome a los escritores de teatro y creadores en general, vinculándolos al escenario, de manera dispersa y acumulativa, para sentir que no estoy escribiendo algo demasiado serio.

Aún pensándolo, he sacado de la relación anterior a Alfred Jarry. Lo he hecho a propósito, por haber escrito Ubú Rey antes de que acabara el siglo XIX y haber sido representada por títeres en su estreno en París. Sin embargo, este autor supone para los que nos interesamos por este arte, un autor y una obra de referencia. No lo nombro por su importancia histórica, sino por el efecto propagador que tuvo en mí al atraer y estructurar, sobre su figura y su obra, una especie de interpretación artística del siglo XX. Interpretación que he interiorizado desapercibidamente y que constituye uno de los fundamentos en los que se asienta mi comprensión del arte, y por extensión, del teatro.

El Dadá, el futurismo, el surrealismo… Las vanguardias con sus mil derivaciones, la danza expresionista, las tarjetas postales, las abominables guerras mundiales, los campos de concentración nazis, nuestra guerra civil, Stalin, Pasionaria, los maquis, Le Corbusier, El pabellón de la República en París, el muro de Berlín, el primer viaje real a la luna… Un sin fin de ideas, imágenes, acontecimientos y vivencias que trascienden miles y miles de obras de arte que he ido viendo en muchos museos de Arte Contemporáneo de diferentes países a lo largo de mi vida. Obras que se yuxtaponen para conformar un modo de aprehender y contrastar la realidad para darle un sentido desde el arte. Y siento que ese inabarcable cúmulo de impresiones se activa de algún modo y pesa cuando te sientas en una butaca, contemplas una obra de arte o lees un libro. Y me pregunto si este sentimiento es compartido por mis compañeros y ellos también sienten, conectan e implementan las contradicciones y peligros de un arte, el del siglo XX, que lo cuestionó y desbarató todo.

Creo que tengo una respuesta parcial a esta pregunta que iría en el sentido negativo. En Valencia, la mayoría, aborda inicialmente el teatro desde la perspectiva de la interpretación, ya que aquí predomina la vocación de actor. Esta puerta de entrada limita especialmente el sentido de abstracción debido a que los actores reclaman técnica para mitigar la inseguridad, y la técnica es método y concisión.

Otra observación, en el mismo sentido, surge del meollo político/social del teatro, sin el cual, para mí, el hecho teatral queda convertido en un pretexto para la frivolidad, un espacio hueco para la vanidad. Y no sé si suena un poco simple, pero no puedo sustraerme a ello por Brecht, Beckett, Ionesco, Camus, Kantor, Pinter… Todos ellos fracturados por la II guerra Mundial y enormemente influenciados por los movimientos artísticos de su tiempo. Y sé que no es una bobada el razonamiento porque, ahora mismo, es muy fácil ver obras de todos estos autores montadas prescindiendo de su vínculo histórico y el resultado es, cuanto menos, inquietante.

Llegados a este punto, pienso en que si me resulta tan complejo definir mi propio paradigma (me hierve la cabeza), ¿cómo va a ser posible establecer un canon que puedan asumir e integrar los profesionales y la sociedad valenciana?

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