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TEATRO VALENCIANO un canon impensado (6)

Está la casa familiar y sus alrededores pero más allá está el mundo y sabemos que las primeras excursiones fijan en nuestro interior una imagen del otro perdurable. Aquí las experiencias particulares se diversifican, o tal vez no, porque hay una escucha latente que todo lo conecta y lo hace equiparable, aunque es un don saberlo ver, y un don aún mayor saberlo explicar. Voy a dar esta idea por verdadera así me ahorro el compromiso en el que me pondría su demostración.

Referir tantas experiencias vividas en los innumerables viajes sería una tarea inmensa aunque al pensar en su conjunto siento una emoción ancha y concreta que las agrupa. Es la vida en otra dimensión. Un sentimiento muy marcado por vuelos, idiomas y acentos distintos, climas y paisajes inesperados, culturas, abrazos, encuentros, despedidas y, especialmente, el polvo de tantos escenarios que al pensarlos se resumen en uno solo: un espacio borroso de luz al que accedes y te hace poco a poco real gracias a la silenciosa espectación del público. Un público abstracto y universal.

Nuestro primer viaje para ver títeres al poco de descubrir este mundo de las marionetas fue al Festival Mondial de la Marionette en Charleville, Francia (1985). Vimos Figurentheater Triangel, Bread and Puppet, un Ubú Rey de Massimo Schuster con piezas de mecano, una Caperucita muy transgresora hecha con objetos vivos (Hortalizas, pescados etc..) Puede que no todos estos espectáculos estuvieran en aquel primer Festival, no importa… Son las imágenes más lejanas que reconozco todavía vivas en mi recuerdo y seguro estoy de que si en vez de ser estas hubieran sido otras las que me impresionaron, el teatro que ahora hago, especialmente si juego con títeres, sería muy diferente.

Ese mismo año, 1985, fue en el que comenzamos a organizar la Mostra Internacional de Titelles a la Vall d’Albaida. Esta iniciativa, por su intensidad y envergadura organizativa, acabaría condicionando notablemente nuestra comprensión del Títere y del Teatro. El gran número de compañías que vimos y con las que convivimos, especialmente en los primeros años, supondrían un revulsivo y en muchos casos un referente, no solo en lo artístico sinó también en lo formativo y lo humano.

De la inmensidad de experiencias ligadas a la celebración anual de la Mostra, aparte del encuentro con Joan Baixas que impartió un curso en la décima edición y cuya perspectiva del arte de los títeres me influyó especialmente quiero destacar el espectáculo de Roman Paska, Theatre for the birds. Este original montaje fue uno de los gérmenes estéticos de nuestro Quijote. Lo nombro por su importancia para reconocer y comprender intimamente estos procesos de influencia y transvase entre las creaciones de otros que nos asombran y las propias. Procesos en los que nos resisitimos casi siempre a entrar ya que suponen el reconocimiento de una deuda incómoda que puede parecer que nos resta originalidad.

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