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Cosmos en la Alhóndiga de Bilbao

El día 1 de diciembre hicimos una representación de nuestra pieza más reciente, COSMOS, en diversos espacios contenidos en el magnífico edificio bilbaino cuyos interiores han sido diseñados por el archifamoso Philippe Starck: la ALHÓNDIGA. La presentación del montaje se complementaba con un curso impartido por un titiritero valenciano de toda la vida que se llama como yo, duró tres días y fue aprovechado por cuatro personas. Inicialmente hubo tres más que ya en la segunda sesión decidieron no venir sin que yo llegara a saber el motivo. En fin, todo acabó siendo muy intenso para el conductor del laboratorio por el esfuerzo que supone estimular a un grupo tan pequeño durante cinco horas ininterrumpidas. Me reconfortaron, eso sí, los comentarios de los 4 perseverantes en la revisión del último día; todos destacaron que conseguí que no se notara el bache de las ausencias y reconocieron haber descubierto un mundo que intuían les iba a resultar útil para algo en sus vidas (no tenían relación profesional con el teatro).

Otro elemento importante de la experiencia vasca de estos días ha sido la construcción de la gran instalación de vasos que montamos en el Hall. Conté con la inestimable colaboración de Zigor Aretxabala, juntos fuimos capaces de apilar a lo largo de tres mañanas miles de vasos de plástico en las formas que podéis ver en las fotos hechas por el mismo Zigor, que aparte de experto surfista, ex-alpinista y fabricante de cerveza artesanal, es un fotógrafo excepcional al que le gusta captar el recorrido nocturno de las estrellas en el firmamento.
El momento de máxima tensión lo viví el mismo jueves a las 8 de la mañana al recibir el siguiente sms del director Fernando Gómez: “Jaume, hay una gran parte de vasos que se han caído”. Menos mal que ya estábamos toda la compañía y pudimos hacer una rápida reconstrucción que acabó dejando la instalación tal y como la habíamos acabado el día anterior. Aunque no conseguí librarme del pánico al derrumbe a lo largo de todo el día. Salió un día ventoso y el espacio estaba expuesto a corrientes.
La comunicación con el público asistente funcionó a la perfección y los intérpretes hicieron un buen trabajo, sereno y repleto de matices. Cuando vi, en las acciones que solemos hacer en una antesala del teatro, que gran parte del público se echaba al suelo para empujar soplando los pequeños vasos que flotan sobre una lámina de agua imitando a los actores, comprendí que estábamos ante el público más identificado y generoso que habíamos tenido hasta entonces.
Unos días en el País Vasco muy agradables, con el acento de los bilbaínos ronroneando en el oído mientras hacía constantes juegos comparativos entre lo vasco y lo valenciano. ¡Así de pueblo soy!
Al coger el coche para volver tenía reventada la rueda lo que nos procuró unas cuantas conversaciones extra con algunos bilbaínos más. Grata experiencia compartida con Victor, Ángeles, Nacho, Ángel y Jesús. Éste último me sufrió todo el camino de vuelta. Camino que aprovechamos para actualizar nuestro estado (como ahora se dice).

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