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Los bambalinos vuelven a MIAMI

Aunque hayan pasado más de dos años, todavía se recuerda por estas latitudes el éxito que cosecharon nuestros compañeros David y Ángel con El Quijote. Dejaron el listón tan alto que nos hemos sentido un poco intimidados ante las constantes evocaciones de unos y otros (sobre todo Ángeles) de lo que fue y significó aquella presentación en la ciudad que antaño fuera del vicio y la corrupción y actualmente de los crímenes resueltos científicamente.

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De nuestra última jornada en Boston se me quedó alguna que otra cosa por contar; nuestra visita al Cheers (pub genuinamente bostoniano que sirvió de inspiración para en de la famosa serie del mismo nombre) con su correspondiente sesión peripatética de fotos bajo el letrero de la entrada. Una aventurera incursión en el patinaje artístico sobre hielo de Merce y Josep que no viví personalmente aunque si me llegaron los lamentos del patinador novel Mr. Zapater por el descoyuntamiento general de sus bajas articulaciones. La visita al Museo of Fine Arts que constituyó una auténtica sobredosis de arte de todo tipo; desde Egipto, pasando por los impresionistas franceses, esculturas romanas de una increíble calidad, Oceanía, Japón,  Velázquez, el Greco, Ribera, instalaciones, esculturas, fotografías… lo dicho, una verdadera indigestión.

Solo tuvimos que sufrir unas 4 horitas de avión sometidos al maltrato de los asistentes de vuelo de US AIRWAYS para conseguir aterrizar en Miami. ¿A quién nos encontramos en las cintas del equipaje? Pues sí, has acertado: a Paulina Rubio y al novio o al marido que no sé como se llama. Ya no cabía la menor duda broder, habíamos llegado donde el Bisbal y el Alejandro Sanz. ¡Qué strong y que heavy además de fuerte!

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Bueno, bueno, bueno… No hay palabras. Bueno sí, sí las hay. Hemos pasado en un rato del Polo Norte al Caribe con lo cual nuestro sistema perceptivo, sensorial e incluso el digestivo andan totalmente desbarajustados. Del gorro y la bufanda a la manga corta. El ambiente en la calle es ajetreado y colorista, algún desaprensivo lo podría calificar de chabacano pero ése no voy a ser yo. Sólo la exuberante vegetación tropical ya me tiene fascinado todo el día, hay cocoteros por todas partes, palmeras de todo tipo, unos árboles gigantes que me parecen baobabs… Todo el muestrario que tienen en el invernadero del botánico de Valencia pero al aire libre y multiplicado por mil, una barbaridad. El agua de la playa es turquesa y la arena blanquecina, el cielo está poblado de pajarracos que no sabemos identificar, letreros publicitarios enganchados a las avionetas, paracaídas sujetos por una cuerda a una lancha, aviones militares, helicópteros, un zepelín con una pantalla de leds que emite imágenes como la televisión…

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No todo ha sido goce sensorial, esta mañana nos hemos levantado a las 7 para poder hacer nuestra primera función aquí. Ha sido a las 9 de la mañana en un selecto colegio, el Coral Way, para 200 niños y niñas que han visto el Kraft con verdadero entusiasmo. Ahora que no nos oye nadie os diré que empezábamos a echar de menos las risas, murmullos, exclamaciones y toda ese amplio muestrario de manifestaciones tan propias de la sensibilidad y la cultura hispana. De repente la viveza del público se nos ha contagiado y hemos hecho una función realmente brillante. Al madrugar tanto hemos rematado el trabajo a media mañana así es que aún hemos tenido tiempo de dar un largo paseo por la playa.

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Siiii… Todo es entre Art Decó, Naíf y setentón, los maniquis tienen unas tetas talla 200 y los tacones pueden alcanzar los 40 cm. El rosa es el color predominante y no hay prenda de ropa sin diamantes incrustados (supongo que falsos) ni dorados.

Mañana actuamos en el Teatro Prometeo para todo el público en general. Antes de volver os prometo un último post para contaros esta última representación norteamericana.

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