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Jorge Valle sobre los 40 años de Bambalina

Ese año, Bambalina cumple cuarenta años de productiva trayectoria teatral. Hace cuarenta años, yo no era ni un proyecto. Creo que los descubrí el 2010 en el TAMA, con acordeones, marionetas y abanicos haciendo el «CARMEN». Recuerdo salir del teatro y no saber bien qué acababa de ver. No eran títeres al uso, era extraño. Esa conjunción de intérpretes que controlaban a la perfección, marionetas, música, abanicos y movimiento me hizo entender que el teatro no era eso que me pensaba. Ese verano fui de viaje con la familia a Nueva York. Yo era un adolescente bastante imbécil (Ahora solo soy imbécil) y puede ser que no fuese mi mejor momento para disfrutar de un viaje así. Pero las marionetas se volvieron a cruzar en mi camino. «AVENUE Q» consiguió volver a pegarme un tortazo muy parecido al que viví en el TAMA.

Yo quería hacer teatro. Tiempo después flipé con «LA CELESTINA». ¿Qué era eso? ¿Cómo lo hacían? ¡Pau y Águeda funcionaban como un reloj suizo!

Y ahora recuerdo cuando Jaume me llamó para decir que me habían cogido en el «FAUST»

Tuve la suerte de trabajar con un equipo magnífico. Conocer a Jaume, y su mundo interior. El día que leímos por primera vez el texto, trajo una maqueta de la escenografía. Era un niño jugando con su juguete, moviendo hilos, iluminando todo eso con una linternita que sujetaba con la boca. Jaume ama su trabajo. Ama crear, y lo disfruta sin limitaciones.
También conocí a Marisol. Con su teléfono colgando del cuello, y sus tartas y pasteles. Siempre atenta y cercana.

 

 Y por fin, con el «HAMLET», entré por primera vez en el local de Bambalina. Sus premios en la mesita, carteles de espectáculos anteriores, los ordenadores, libros… En el escritorio, sentada con una sonrisa, Ruth, que me pregunta si necesito algo. Atravesando la puerta, el taller. Magia. Todo ordenado dentro de un desorden aparente. Un árbol que se mueve, hierros, cajas, telas, maletas con marionetas, y la mesa de trabajo, con corchos, cúters y alguna extremidad en reparación.
 Bambalina es una sensación de hogar. Es una familia que acoge. La familia con quien quieres cenar en navidades, o celebrar los cumpleaños. Y yo creo que ese es su secreto. Una familia que ama el teatro, y que trabaja a una para que todo llegue donde tiene que llegar. Y es que creo que el teatro, para que funcione, tiene que estar envuelto de amor, respeto y confianza. Y en Bambalina de eso sobra. Una compañía de teatro que sobrevive con fuerza acrobática, ante las calamidades del tiempo y el espacio, y lo hace de una manera tan prestidigitadora que se merece vivir hasta la eternidad.
¡Gracias por todo, familia! ¡Cuarenta años, y los que quedan!
Jorge Valle

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